domingo, julio 23, 2006

El discípulo de Cristo

Dice Benedicto XVI:
«La historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte». (23.7.06 - Tomado de ZENIT - WWW.ZENIT.org)

viernes, julio 21, 2006

sobre blogs

El post borrado de Xavier me ha dejado pensando.
Cuando empezaba el blogborrador, y me preguntaban qué era eso, o más bien, por qué me parecía interesante, una de mis razones era: "Uno siempre está leyendo, sobre temas que te interesan, las opiniones de gente importante (escritores, periodistas y demás...); en este caso, lo bueno es que podés intercambiar con personas comunes y corrientes"
Me parece que por eso le puse este nombre a mi blog. Porque quiere ser eso: un pensar fuerte, salir al encuentro de otros, pero con 'ropa de diario'... Y no quisiera que la interpretación del que lee fuera más lejos de eso.
Con el auge de los blogs -los medios hablan cada vez más de ello- por ahí la cosa está cambiando. Y, seguro, que habrá quien aproveche para escribir cosas importantes y definitivas.
Prefiero que el mío siga siendo en borrador... y cuando visito a mis amigos lo hago en esa tesitura. Porque si no, por lo menos para mí, sería muy difícil escribir cada post. Y tal vez no hubiera hecho ninguno.

domingo, julio 16, 2006

Pedido de ayuda

Estoy con problemas en mi cuenta de Yahoo: recibo bien los correos, y los puedo leer. Pero al querer contestar, o simplemente escribir uno nuevo, me aparecen sólo las ventanas de destinatario, asunto y demás -incluso el botón de adjuntar archivo-, pero no la grande para el cuerpo de la carta. Y si quiero enviarlo aunque sea así, no avanza porque indica error en la página.
¿Alguien sabe decirme qué ocurre y cómo lo puedo solucionar?
¡Muchas gracias!

martes, julio 04, 2006

A veces me encuentro pensando...

Cuando éramos chicos, hace tiempo ya, lo que te proponían como modelo de vida cristiana era casi ‘la perfección’. Por lo tanto, uno tenía –por un lado- muchos deseos de alcanzarla, pero -por otro- constataba, cada día, que aquello era imposible. Lo que podía llevarte a dos resultados: a sentirte muy desilusionado de vos mismo, o tener como una supra-vida, una estructura externa de que lo hacías regio, pero dentro de vos sabías que no era tan así.
Me parece que, reaccionando a aquello –cosa muy conveniente, porque tampoco vayamos a creer que eso era Evangelio puro, sino más bien visión de la época-, vinimos a parar a algo que hoy se da muchas veces:
Todo está bien, lo importante es ser uno mismo. No sea que suframos culpabilidades inútiles, que ni ayudan ni son sanas.
La macana -y esto es lo que últimamente me encuentro pensando- es que ¡esto tampoco es lo que anuncia el cristianismo!
“Yo no he venido a salvar a los justos sino a los pecadores.”
“Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo, para que todo el que crea en Él se salve.”
Jesús, en su Buena Noticia, nos viene a decir:
¡Alégrense!
Aunque ustedes se reconozcan débiles, flojos, con muchas equivocaciones, y hasta pecadores, el Padre –mi Padre que es el Padre de ustedes- los ama muchísimo igual. Y por eso me envió, para que yo sea con ustedes, y les dé la salvación.
No dejarán de ser pequeños y con fallas. No dejarán de ser pecadores... sí, pecadores.
Pero sí dejarán de tener miedo por ello, dejarán de sentir la necesidad de disfrazarse. ¡Porque se sabrán salvados por mí!
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Me impresiona cuánto afecta a nuestras vidas ‘la culpabilidad’.
Las afecta al punto de que, por evitarla, a veces tratamos a toda costa de evadirnos, eludir los conflictos, aparentar una vida sin problemas... No podemos ni pensar en equivocarnos; no nos permitimos fallar (¡¿?!).
Jesús nos viene a anunciar que ‘la culpabilidad’ no es cristiana.
Cristiano es ‘el verdadero dolor de haber pecado’, ‘el deseo de no volver a hacerlo’ y –sobre todo- la alegría inmensa de sentirse, cada vez y siempre, totalmente ‘perdonado’.
Y esto último es lo que nos da, realmente, aire fresco y le pone alas a nuestra vida.