domingo, enero 22, 2006

A propósito de Chesterton

Hace mucho tiempo leí mucho Chesterton. Me encantó. Después he vuelto a leer algo, pero muy poco.
Ya que en esta 'comunidad bloguil' varios lo conocen bien, a ver si me pueden hacer acordar de dónde es un comentario suyo que decía más o menos esto:
El error de los griegos fue pensar que la vida podía, y debía, ser tan recta como 'una nariz griega'. Los cristianos, con la noción de pecado original, le aportaron al mundo la claridad de que esto no era real y, con ello, alivio y una mayor comprensión de la persona humana.
Todo esto dicho -por supuesto- a lo Chesterton.
Con el tiempo que ha pasado, tampoco sé cuánto de lo que puse es suyo y cuánto le agregué yo.
Cuando he tenido obras suyas en mis manos no lo he vuelto a encontrar.
Tengo idea de que pertenece a un prólogo... San Francisco, Ortodoxia, La Esfera y la Cruz... no sé.
Si alguno me puede ayudar -e incluso pasarme además de la cita el texto, que no creo que sea de más tres renglones-, ¡muchas gracias!

4 comentarios:

Gustavo er Cura dijo...

cada vez q paso por aqui me lleno de alegría por cada post q publicas, son todos excelente, Feliz Año Nuevo, hermana. Que la Santísima Virgen y su hijo Jesus esten cada dia en su vocacion y en todo lo q emprenda
Gus

leonbloy dijo...

Con Google a mano, cualquiera es erudito... sobre todo si buscás en inglés.
En San Fransisco de Asís, promediando el cap. 2, está la cita.

En español, acá. El texto es bastante largo:



Los griegos, esos grandes guías y pioneros de la antigüedad pagana, partieron de una idea maravillosamente simple y directa: la de que mientras el hombre avance por la gran vía de la razón y la naturaleza no cabe esperar daño alguno, sobre todo si es él tan destacadamente ilustrado e inteligente como los griegos. Si no fuera pedante diríamos que le bastaba al hombre seguir el olfato de su nariz siempre que se tratara de una nariz griega. Pero no hace falta más que los propios griegos para ilustrar la extraña pero cierta fatalidad que se sigue de esta falacia. Apenas se empeñan los griegos en seguir el olfato de su nariz y su noción de naturalidad, les acontece la cosa más singular de la historia. Demasiado singular para ser tema fácil de discusión. Notemos cómo nuestros más repelentes realistas nunca nos conceden a nosotros el beneficio de su realismo. Sus estudios de temas desagradables no toman nunca en cuenta el testimonio que de ellos se desprende en favor de las verdades de la moralidad tradicional. Pero si en verdad tuviéramos olfato para estas cosas, podríamos citar millares de ellas como partes de un alegato en favor de la moral cristiana. Y un ejemplo de esto nos lo da el hecho de que nadie haya escrito una verdadera historia moral de los griegos con esta orientación. Nadie se ha percatado del peso o singularidad de esta historia. Los hombres más sabios y prudentes del mundo se propusieron ser naturales, y lo primero que hicieron fue la cosa menos natural del mundo. El efecto inmediato de saludar al sol y de la soleada salud de la naturaleza fue una perversión que se extendió como la peste. Los más grandes y aun los más puros filósofos no pudieron librarse aparentemente de esta especie de locura de baja estofa. ¿Por qué? Al pueblo cuyos poetas concibieron a Helena de Troya y cuyos escultores labraron la Venus de Milo debe haberle parecido cosa sencilla mantenerse sano en este particular. Pero lo cierto es que quien adora la salud difícilmente pueda mantenerse sano. Cuando el hombre se empeña en seguir el camino recto anda cojeando. Cuando sigue el olfato de su nariz termina torciéndosela o aun quizás cortándosela en un rostro desfigurado, y esto ocurrirá en consonancia con algo más profundo en la naturaleza humana de cuanto son capaces de entender los adoradores de la misma. Hablando humanamente el descubrimiento de ese algo fue lo que constituyó la conversión al cristianismo. Hay una inclinación en el hombre como la hay en el juego de bolos, y el cristianismo fue el descubrimiento de la manera de corregir la perversa inclinación y acertar en el blanco. Muchos se sonreirán al oirlo, pero es profundamente cierto que la buena noticia que trajo el evangelio fue la nueva del pecado original.

Aeronauta dijo...

¡Me la ganó León Bloy! yo te la busqué también. Encuentra el libro completo en:

San Francisco de Asís de Chesterton

¡Suerte!

Chesterton me encanta. Sus argumentos son extraordinarios y podía ser bien "pesado de mano" para decir verdades y LA Verdad.

hna josefina dijo...

¡Muchas gracias! La recordaba más corta... Y era en San Francisco.
¡Realmente es genial!
Tal vez sirviera como comentario en la conversación que se está dando en en blog de Cara a cara.