martes, noviembre 04, 2008

Pequeñas aventuras cotidianas.


Casi todas las mañanas voy a la panadería que queda a no más de doscientos metros de nuestra casa.
La ida de hoy fue especial:
Estaba terminando de cruzar, en la esquina como corresponde, y un auto que doblaba y sólo miraba para atrás, por miedo que viniera algún otro a velocidad y se lo llevara puesto, ¡casi me atropella!... Tuve que pegarle un grito, y muy al final se le ocurrió mirar si tenía alguien -estaba yo- delante.¡Menudo susto me pegué!
Y en la esquina siguiente me abordó una señora para ofrecerme un folleto.
No es la primera vez que me pasa: Me impresiona mucho que, aún llevando hábito religioso, los Testigos de Jehová intenten convencerte o convertirte a sus creencias. ¿Cómo pueden pensar que una va a hacer una opción de vida tal, sin tener una clara certeza de que ése es su camino?
Charlamos un ratito; no estoy segura de que entendiera, pero después cada una siguió el suyo amigablemente.
Todo en las dos cuadras -decimos por aquí, apenas doscientos metros- de mi ida cotidiana a la panadería.
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Estos días, con el curso y también una tanda importante de gente alojada en casa, me queda muy pocos momentos para los blogs. Ya vendrán días más holgados.

7 comentarios:

maria jesus dijo...

Si, son muy tenaces y no les da verguenza. A lo mejor teniamos nosotros que imitarlos en eso

AleMamá dijo...

Hay que imitarlos en eso. Cero respeto humano.

Juan Ignacio dijo...

Sí, mi experiencia es que aunque diga soy católico apostólico romano voy a la parroquia de acá a la vuelta etc etc ellos siguen...

ALMA dijo...

Cuidese del tránsito, Hermana.
Un abrazo

hna josefina dijo...

La verdad que yo creo que Jesús, y mismo la intervención de Dios en nuestras vidas, no fue ni es tan impositivo. Invita, muestra, y deja libre. No es tan insistente.
Me parece que no tenemos que dejar nunca de anunciar, pero respetando al otro...
Son opiniones.

Fernando dijo...

Querida hermana:

Ayer me acordé de usted.

Ayudé a una persona a rellenar unos formularios complejos. Le dediqué mucho tiempo, mucho cuidado. Es una persona enferma. Al terminar, estuve tentado de decir "Bueno, ya hemos acabado, ya tienes tus papeles, adios". Pero me acordé de usted y de su post sobre la ternura. "Ten ternura con ella". Me interesé por su enfermedad, por sus médicos, por sus dolores. Esto parece que la alegró, y habló mucho rato. Cuando nos separamos, ella parecía más contenta.

Así que le doy las gracias, hermana, porque si no hubiera sido por su post sobre la ternura, probablemente me habría limitado a ayudarla en lo que le hacía falta, y se acabó.

hna josefina dijo...

¡Qué bueno Fernando!
A mí también me encantó, y me ayudó mucho, ese texto de Vanier.
Por eso lo puse; aunque te confieso que primero me pregunté si a otros les gustaría -y serviría- tanto como a mí. O sea que me alegro de haberlo puesto en el blog.
¡Saludos!