miércoles, noviembre 08, 2006

Me sucedió ayer

Volvía a casa, después de una caminata, a las 18.30 llegando justo para el rezo del Oficio. Poquito antes de llegar a la reja de nuestra iglesia, veo un señor subiendo los escalones de casa con una silla de ruedas. Vacía y plegada; parecía muy buena.
El muchacho que cuida la iglesia me lo adelantó: era una donación.
Cuando llegué a la puerta de entrada, el señor me preguntó si podía recibirla yo. Le dije que sí y, cuando le agradecía, me contó que en realidad la donante era una señora que estaba afuera en un automóvil. Salí a saludarla; me pareció que tenía otras cosas –¿aparatos ortopédicos?- en la parte de atrás del coche y que ella no podía caminar.
- ¿Tendrán a quién dársela?- fue su única pregunta.
- ¡Seguro que sí!... Muchas veces nos piden.
Volví a entrar en casa, llegando tarde al Oficio por la demora, y al terminar, se lo conté a la superiora. Es una silla preciosa y nuevita. Quedamos que yo me encargaba de guardarla, porque –con el apuro- la había dejado en portería.
Después, cena rapidito, y me fui a la adoración.
A las 20.00, al salir, volví a pasar por la portería para buscar la silla.
En ese preciso momento, estaba allí una hermana, de otra congregación, venida con su grupo a un encuentro.
En cuanto empecé a caminar con nuestro regalo, me salió al paso:
- ¿Ustedes siempre reciben estas cosas?
- (no sé qué respondí)
- Porque en mi casa –vive en un barrio pobre del gran Buenos Aires- hay una señora que no puede caminar y no tiene silla.
- ...
- Y si me la regalan, ¡me imagino lo contenta que va a estar! (¡rápida la hermana!)
- ¿Cuándo te vas vos para allí?
Me contestó que el viernes. Subí con la silla a nuestro piso; ya con una vaga idea de cómo venía la cosa.
No me fui a acostar demasiado tarde, y en camino a mi dormitorio me encontré con la superiora. Le conté lo sucedido.
No lo dudó un segundo: ¡Esa silla era para la amiga de la Hermana Rita! Y, nosotras dos –mejor tres, Rita también- habíamos sido ¡los maravillados testigos de LA DIVINA PROVIDENCIA!
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Epílogo: Cambié de rumbo: pegué media vuelta, busqué la silla, y se la dejé en su piso -al lado de la puerta de su cuarto- a la Hna. Rita.

17 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

¡¡¡!!! y más ¡¡¡!!!

Semilla dijo...

Nunca deja de asombrarme como actúa la Divina Providencia, en verdad siempre reconforta escuchar o leer historias así... como que los sueños y anhelos no parecen tan lejanos, dan esperanza ¿no?. Gracias por pasar a saludar...Espero que pase más seguido, eso si.
Estoy muy bien, gracias a Dios. Siempre la leo. CARIÑOS MILES

Pablo Muttini dijo...

Josefina, Josefina...lindísimo tu relato y tu inocencia...No quiero ser escandaloso pero lo cierto es que nosotros, SOMOS la Divina Providencia. ¡Ups! parece demasiado ¿no?, pero intuyo que así funciona la dinámica de Dios.
La señora del auto, fue Divina Providencia al dar; vos, al no acumular y la hermanita, al inmediatamente pensar en quién podía necesitarla.
Si pensamos que la Providencia de Dios vendrá en algún momento desde lo alto al rescate de los necesitado, pués entonces rezaremos y no actuaremos.
¡Fuerza! Nosotros somos para Dios sus manos. Nosotros somos "agentes" de la Divina Providencia y así, hacemos llegar la mano de Dios a los hombres.
Hay que entregarse nomás.
Hay que confiar.
Lindísimo el relato.
¡Gracias por compartir!

Moro dijo...

Hna Josefina:
¿La providencia funciona con mi vocación matrimonial?
Creo haber encontrado (providencialmente) a mi futura esposa ¿Será que se puede? ¿O solo me gusta creer que sí?.



Muy lido post
PD:(mi pregunta fue en serio)

finitud dijo...

Qué admirable!! Yo fui testigo muchas veces de este tipo de situaciones y, no te pasó que te da una alegría inmensa??!!

Pido permiso para contestarle a Moro: Si!!! Absolutamente. Mi esposo y yo nos encontramos por un cruce asombrosamente providencial en tiempo y espacio.

XavMP dijo...

Impresionante, y todo sin firmar ningún formulario.

Anónimo dijo...

¡Qué maravilloso saber que podemos ser instrumentos del Señor para compartir tanta vida como El nos regala! Lo importante es saber escuchar, estar atenta al paso del Señor, y tener las manos abiertas, como las de Jesús. Gracias, Josefina, por tu compartir. MR

Pablo Muttini dijo...

Va otra respuesta para Moro, a ver si ayuda:
Permiso, Josefina, pero voy a usar tu experiencia para tratar de acompañar a Moro.
Dios, al igual que el que la donante anónima, dispone de la silla y la ofrece. Hasta allí el encuentro "providencial". Ahora, silla en mano...el milagro tienen que cumplirlo ustedes. Fijate todo lo que le pasó a Josefina: escuchó, conversó, volvió a escuchar, pensó, actuó. Siento que Dios nos pone amores en el camino como cuando las abuelas ponían los puntos en la aguja de tejer. Él pone los puntos, y el tejido está en nuestras manos. ¡Preparate y preparense a tejer toda la vida! Tejer, destejer unas vueltas, esconder los nudos, desenredar la madeja...siempre tejer.
Me encanta pensar que Dios puso mi lana y su lana (la de mi amada) en la misma aguja. Me encanta vernos a ambos en el tejido. Me fascina que esta manta pueda cobijar nuestros amores.
¡Moro: agarrate fuerte de la aguja y prepárense para tejer!
Josefina: gracias por dejarnos charlar en tu living.

hna josefina dijo...

Bueno ¡esta charla está lindísima!
Pablo, ¡me encantó tu comparación última!
Finitud, es verdad, ¡uno se siente lleno de alegría!
Moro, estoy firmemente convencida de que es así: como mi vocación religiosa es signo patente de la Providencia de Dios, es él quien me la regala, tu vocación matrimonial -y la de quién la vivirá con vos- no puede serlo de otra forma. A mí no me cabe la menor duda: Jesús nos dice que estará con nosotros todos los días hasta el final... ¡¿y cómo no va a 'estar', no va a ser don especial suyo, algo tan importante en la vida personal como es el esposo o la esposa?!...
Creo que la Providencia es un misterio... Y el misterio es algo que podemos constatar pero que nos supera... pero bien REAL.
Pablo, yo creo que diría: más que "ser" la Divina Providencia, muchas veces somos sus instrumentos. Si nos abrimos a ella, la dejamos actuar en nosotros para que "provea" al otro... ¡Se manifiesta en tantas formas y de tantas maneras! Eso sí, a veces ni nos damos cuenta, o no la reconocemos.
Scott Peck (creo que se escribe así) tiene un libro "La nueva psicología del amor" (no tan nuevo porque lo leí hace como 20 años) y, sobre el final, todo un comentario, sobre cómo él -en su consulta como psicólogo- a podido ser testigo, experimentalmente, de la presencia de la Gracia de Dios en la vida cotidiana de las personas. Habría que buscarlo, porque hace mucho que lo leí. Pero me pareció interesante cómo hasta lo constata un supuesto "científico".
En mi caso, lo he mamado: mi madre, viuda con familia numerosa, la constataba, y nos la mostraba, permanentemente en nuestra infancia y juventud.

Pablo Muttini dijo...

Josefina, de acuerdo, somos instrumentos sin duda, pero te comparto el porque del "exceso": cuando era bien chiquito, me probaba los zapatos de papá y me sentía grande. Los zapatos verdaderamente eran grandes, pero caminar con ellos me invitó a crecer. Me encanta probarme los zapatos que Jesús deja junto a su cama. Por eso, siendo todavía chico, le permito jugar a mi corazón a que puede aspirar a ser Grande. Al fin y al cabo...¿no nos bendijo las manos para tocar al mundo en su nombre?.
Siempre ilumina leerte, Josefina.
Gracias por invitarme a rezar.

Cristian dijo...

Puffff... la Divina Providencia... si que qctúa. Yo puedo dar testimonio de ella. Moro, ánimo, busca lo que les hace feliz, pregúntate qué haría feliz a Dios respecto a tu vida y tu novia, y saca conclusiones. Bendiciones hermana.

Moro dijo...

Primero lo primero. Gracias a todos.
La verdad me convencieron, me voy a tirar ala pileta, así que después les cuento.
Déjenme tomar un poquitín de impulso nomas…

MIGUEL GROSSO dijo...

Gloria a Dios por este testimonio!!!
Quisiera escribirle a Pablo Muttini con todo respeto a raíz de sus comentarios. Pablo: dejemos que Dios sea Dios. No rebajemos su gloria ni su poder. Es cierto que somos agentes de la Providencia. Pero la mayoría de las veces somos obstáculos: por nuestros miedos, nuestros "razonamientos", el querer hacer todo según nuestra voluntad "iluminada" sin preguntarle a EL qué es lo que quiere, cómo lo quiere y cuándo. Hay mucho de esto hoy en la Iglesia. Mucho antropocentrismo disfrazado de razonabilidad. Mucho estudio bíblico "serio" que sólo destroza la Palabra y la fe del pueblo. Mucha gloria al hombre y poca alabanza al Creador. Por eso quiero decir que la Providencia es Dios actuando porque es Dios. Que lo hace cuando quiere, cómo quiere y a quién quiere, porque para eso es Dios. Que somos nosotros los inservibles que evitamos que EL pueda actuar oponiendo nuestra poca fe en su poder. Hace unos días escuché a un sacerdote por TV decir que él creía en un Dios "impotente" y no omnipotente. Pobrecito. Qué fe tan chiquita!!! Y después nos quejamos porque los templos están vacíos!!!Quién puede querer ir a un templo para escuchar esa estupidez ? Yo como padre de familia que en estos momentos la está pasando mal económicamente, puedo dar testimonio de SU Providencia. Nunca dejará que nada nos falte: "jamás he visto a un justo abandonado ni a su descendencia mendigando el pan", dice el Salmo. Creemos en esto o no ? Creemos en Dios o no? Ofrezcámosle el diezmo de nuestro tiempo y nuestro trabajo y veremos milagros!!! A la mayor gloria del Creador.

Pablo Muttini dijo...

Estimado Miguel: bienvenido el diálogo porque ayuda a pensar. Vamos por partes (con permiso de Josefina, claro está).
Obviamente que somos instrumentos de Dios, pero no por voluntarismo sino mejor, por mandato. Es Él quién decide poner en nuestras manos el transformar el mundo y ésto no lo excluye sino que nos incluye. Claro que muchos se creen dioses...y así nos va. Claro que muchas veces nos creemos dioses...y así nos va.
Dios actúa como quiere y cuando quiere, pero también nos inspira para actuar "como Él manda" en todos los momentos de nuestra vida, para que la promesa cumplida no dependa exclusivamente de "el" milagro y se haga presente en el amor. Si vos estás pasando una situación complicada, verás que la Providencia no "llueve" del cielo, sino más bien, de amores que te aman, cuidan y protegen de algún modo. Amores que te invitan a sentir en tu piel y tu corazón una presencia preferencial de Dios a tu lado.En definitiva proviene de un Dios presente y actual, uno encarnado y vivo y reitero, no por nuestro voluntarismo sino por Su Voluntad.
Respecto del salmo, lamento la mala noticia pero, hoy día, muchos, muchísimos justos tienen que mendigar el pan. Quienes tenemos la gracia de poder compartir parte de la vida con personas en serias dificultades, lo vemos a diario. Quizás esto nos habla por oposición, de lo importante que es nuestro rol en eso de "ser" para mi hermano, providencia Divina. Lindo tema para pensar y rezar.
Abrazo y seguí mirando a los ojos a Jesús; es la única forma de no hundirse en el mar agitado.
Rezo por vos y los tuyos desde aquí.
¡Fuerza! No está dicha la última palabra.

MIGUEL GROSSO dijo...

Estimado Pablo Muttini: respetuosamente, insisto en mi apreciación. Tu discurso me sabe a enfoque antropocéntrico.A humanismo ilustrado que prefiere explicar a Dios antes que dejarse sorprender por EL, no vaya a ser cosa que algún ingenuo crea esto de que Dios hace milagros. Tus apreciaciones son sensatas, pero revolotea en ellas un espíritu que trata de encasillar a Dios en nuestro mundito. En algún lugar leí que eras diácono permanente. Te diré algo con respeto: la tuya es una explicación muy a la moda del clero actual.Excesivamente preocupado por presentar una religión "razonable". Yo me pregunto qué pensaría Don Bosco, Don Orione, San José Benito Cottolengo o San Pío Pietralcina con tu apreciación sobre el Salmo que cité o eso de que la Providencia no "llueve" del cielo. Creo que esta religión "razonable" está vaciando las comunidades. Yo insisto: "seamos como niños". Propongo mirar así a la Providencia: como un niño. Y esperar de Dios como esperaba de mi papá cuando era niño. Nadie sensato se queda sólo rezando sin actuar. Pero reza primero y actúa después.No hay que tener miedo a predicar esta infancia espiritual. Yo creo firmemente en esto y vivo esperando de Dios como mis hijos esperan de mi.

Pablo Muttini dijo...

Miguel: Intentaré ser breve porque estamos en casa ajena. Lamento que mis palabras hayan sonado tan mal, al punto de en cuatro líneas, pasar de antropocéntrico y humanista ilustrado a “encasillador” de Dios y terminar finalmente revuelto en un clero light.
Me debo haber expresado muy mal.
No fue mi intención hacer tronar en el cielo el enojo de los santos, tampoco.
Respeto tus ansias de ser como niño; las respeto, valor y pido para mí también.
Mientras tanto, intento reconocer qué me está pidiendo Dios hoy para poder serle fiel.
Quiero ser niño también, pero soy adulto de edad. Intento vivir las palabras de San Agustín: “Por medio de la persona que tiene, él ayuda a aquél que está en la necesidad; y por la persona que no tiene. Pone a prueba al que tiene”. (Sermones 35, 7), y es en ese contexto en el que digo, recemos, y hagamos y ante la duda, volvamos a hacer, ya que quizás, el que necesita ser visitado, curado, acariciado, alimentado o simplemente escuchado, hoy no podrá conocer cuánto lo ama el Buen Dios si nosotros no lo hacemos presente.
Sería muy importante y transformador, que todos los cristianos catequizáramos amando, eliminando barreras, derribando márgenes.
Cierro con un par de puntos del Catecismo que seguramente traerán luz:

306 Dios es el Señor soberano de su designio. Pero para su realización se sirve también del concurso de las criaturas. Esto no es un signo de debilidad, sino de la grandeza y bondad de Dios Todopoderoso. Porque Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la dignidad de actuar por sí mismas, de ser causas y principios unas de otras y de cooperar así a la realización de su designio.
307 Dios concede a los hombres incluso poder participar libremente en su providencia confiándoles la responsabilidad de "someter'' la tierra y dominarla (cf Gn 1, 26-28). Dios da así a los hombres el ser causas inteligentes y libres para completar la obra de la Creación, para perfeccionar su armonía para su bien y el de sus prójimos. Los hombres, cooperadores a menudo inconscientes de la voluntad divina, pueden entrar libremente en el plan divino no sólo por su acciones y sus oraciones, sino también por sus sufrimientos (cf Col I, 24) Entonces llegan a ser plenamente "colaboradores de Dios" (1 Co 3, 9; 1 Ts 3, 2) y de su Reino (cf Col 4, 11).

Perdón por la lata.
Gracias Josefina por la libertad.
Disculpas, Miguel, si no logré expresarme correctamente.
Las oraciones por tu causa siguen en pié.

Semilla dijo...

Que buena conversación... je je No se si ayude, o la embarre, pero: creo que los dos tienen razón... se nota que aman a Cristo y quieren evagelizar... creo que se están dando vueltas en lo mismo, con todo respeto, los admiro a los dos por defender con pasión su fe...
CARIÑOS